Uniformidad en los toldos de la comunidad

11 febrero, 2016
Uniformidad en los toldos de la comunidad

 

Rico Mediterráneo, cálido y agradable sol. Calorcito, heladitos, fresquitos granizados, pa amb tomaquet a pie de playa. Muy bonito todo para los guiris y españoles de la España fría, pero los habitantes de la Costa Mediterránea tienen calor, mucho calor. Durante mucho tiempo. Y, a veces, molesta.

Por esta razón, de Lleida a Gibraltar, en las viviendas no faltan ventiladores, aparatos de aire acondicionado, sombrillas en las terrazas o toldos en las ventanas. Es lógico, en los edificios de Galicia fueron construidas amplias cornisas para poder ir por la calle sin paraguas y, aún así, no mojarte.

Existen estupendas tiendas de toldos en Barcelona como Toldosclot, donde escoger entre una gran variedad.

Sensor

Y, tanto en el caso de Galicia como en el de la Costa Mediterránea, se presenta un gran problema estético: la uniformidad. Más allá de las atrocidades cometidas con el boom del sinplan urbanístico y las disparidades entre las alturas, anchuras, materiales y colores de los edificios, las cornisas gallegas y los toldos mediterráneos generan un problema visual. Las cornisas, aunque en menor medida, no siguen normas de tamaño, así que los gallegos viven en un “ahora me mojo, ahora no” cuando pasean por sus calles. El tema de los toldos, en cambio, es bastante más alarmante. Quizá no para los diseñadores de Desigual o Custo pero para la vista del resto de los mortales, es una auténtica molestia.

¿Por qué hay un color, un estampado, un modelo y un tejido diferentes en los toldos de una misma comunidad de vecinos? La personalidad de cada vecino está plasmada ya dentro del piso, el toldo desde dentro apenas se ve. Invito a los vecinos mediterráneos a pararse a echar un ojo a su edificio desde fuera y pensar en los demás ciudadanos. Nadie sabe de quién es la ventana de ese toldo de rayas amarillas y blancas ni a quién pertenece el de flores de colores con flecos.

Es cierto que no es un tema exageradamente doloroso ni importante, pero se vuelve ridículo conociendo su fácil solución. Quizá sea tan simple como realizar propuestas en una reunión mensual de la Comunidad de Vecinos y votar. El color, estampado, modelo y tejido ganador será el que se vaya implantando de manera paulatina según se vayan gastando los vigentes toldos. 

Por otro lado, y disminuyendo la intensidad de la culpa de los vecinos, cabe hacer alusión a la despreocupación de los Ayuntamientos por este tema. Se redactan Ordenanzas Municipales constantemente, haciendo hincapié en temas estéticos de terrazas, de paseos marítimos, de  comportamientos cívicos… ¿Por qué no más Ordenanzas Municipales centradas en la uniformidad en los toldos de las comunidades de vecinos? Generaría beneficios estéticos, lo cual siempre es valorado por los turistas.

Continuemos en esa dirección, apelemos a la economía del país. El turismo es el sector que mejor ha salido parado en los últimos años, su estabilidad (dentro de las dificultades que también atraviesa, por supuesto) ha remado contracorriente en la destrucción de empleo. A los turistas les gustan las cosas bonitas, sino los hoteles no estarían emplazados en edificios históricos y preciosos de las ciudades.

No afeemos más una Costa tan hermosa como la Mediterránea con disparidad en los toldos. Es fácil solucionar este problemilla y los beneficios visuales son muchos.

Constructores y políticos de municipios gallegos, otro día os toca a vosotros, que ya os vale.

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